lunes, 4 de diciembre de 2017

REMEMBER, Mar Martínez

Me pongo la radio para desayunar, justo en pleno marketing de cierta colección de música años 70'
El poder de sugestión de la música, esa capacidad de seducción de un solo acorde para retrotraernos al momento aun pretérito e ideal/izado ya por la memoria en pro de la supervivencia -dicen-, me transporta tal que la madalena de Proust a ese antiguo convento de monjas reconvertido en Club para los más jóvenes por uno de esos rebeldes soñadores conversos a sacerdote como única escapatoria a la represión de sus sueños... Con su tocadiscos en la planta superior como espacio de charla, su gramola en la planta calle acondicionada como sala de baile (de promiscuidad y vicio, según las abuelas que, cubiertas de negro de pies a cabeza, cuchicheaban desde afuera), colateral a la pequeña sala de proyector de cine y diapositivas, la del billar y los futbolines... Cardiel se llamaba, don Antonio, un "cura comunista" (menudo oxímoron, pensé más adelante), demasiado cerca de la entonces mi casa, ese antiguo convento (hoy casa parroquial por residencia del párroco, me dijeron), demasiada inquietud la de una cría espigada que por ser ya entonces más alta de lo esperado para los cebados con maizena, se atrevía a colarse entre jóvenes y adolescentes buscando huir del mundo de cartón piedra que esperaba impasible afuera.
Aspiraba a acercarme algún día a la libre comuna de hippies de que allí hablaban los aún imberbes imitadores de James Dean, pero el acceso estaba ya más restringido (otro oxímoron para la ingenua mente de una Nacida inocente)
Demasiado rápido parecía, de pronto, venir todo para el vetusto paso marcado, no así para los en ese momento amparados por la ebullición hormonal que no dio tiempo a reprimir en calabozos. Demasiada vida afuera del mundo gris y frío para el que nos habían precavidamente preparado, frente al paradisíaco mundo a que, como Carroll al de Alicia, invitaba el párroco a conocer. No sé si había porros y algo más que coñac y wisqui, no me dio tiempo a comprobarlo el entonces volante médico que me prohibía beber alcohol y hasta fumar tabaco (a esto último ya llegó tarde, para mi ingenuo regocijo entonces, tantas veces lamentado después). Paradójicamente, más de un muerto por sobredosis de heroína después, llegué a pensar que el antaño sambenito de farmacia me salvó entonces de vidas, y muertes, peores. Aprendí también aun no siendo consciente de ello entonces, a ir por el camino menos fácil, me quedé al margen pero evité caer en el arcén. Perdí algún tren pero, aun con demora y contracorriente siempre, como la niña insolente que nunca dejé de ser, llegué a tiempo. 


Y hoy viajé en la memoria y me felicito, y vuelvo a contárselo a mi hija y a mi sobrino, pero por washapp, claro.

Diciembre es así, aunque le llamen melancolía, nostalgia o, mera y simplemente, navidad.


© Mar Martínez
03 12 2017


sábado, 2 de diciembre de 2017

V Gran Recogida de Alimentos 2017, Mar Martínez

V Gran Recogida de Alimentos
Casualmente, o quizá no tanto, esta campaña se inició en 2013, recién instaurada la reforma laboral 2012 y con ella la precarización de empleo y salario de Mariano Rajoy; cuando la burbuja inmobiliaria de 1997-2007 de Aznar puso en primera fila el crimen de los desahucios; cuando las rescatables entidades bancarias cambiaban las atractivas ofertas de hipotecas por esperanzadores planes de pensiones; cuando “por haber vivido por encima de nuestras posibilidades”, se aceleraba el proceso de desmantelamiento de la sanidad y la enseñanza públicas…
[Viridiana (1960), Luis Buñuel]

En fechas prenavideñas, claro, con el telón de fondo del turrón y la lotería de navidad que resuciten la madalena de Proust que todos llevamos dentro, moviendo a la catarsis colectiva de purgar pecados, bien donando alimentos, bien participando en su recogida tal que “las chicas de la cruz roja” del NO-DO.
[Las chicas de la cruz roja (1958) Rafael J. Salvia]

Gran Recogida de Alimentos llaman hoy a lo que toda la vida se llamó CARIDAD 


© Mar Martínez

02 12 2017

EL PODER DE LA IMAGEN EN LA PALABRA, Mar Martínez

El mismo partido político que, por destruir los discos duros de información "privilegiada" va a sentarse en el banquillo encausado en delito criminal, pretende ahora, enarbolándose en una "causa justa" tal que desenmascarar a los anónimos agresores en las redes, que nos olvidemos de sus nombres.
El mundo al revés: llevamos ya tanto tiempo en este mundo diseñado a su imagen y conveniencia, que siguen pensando los pies (a patadas) y andando (de) cabeza.

Pero eso no es lo peor, es (sólo) uno de los síntomas de su saber hacer, por eso subieron el IVA de los libros y lo invirtieron en (sus) medios de comunicación por imagen: la comodidad de creer/te que ya sabes todo hasta la hartura, es adictiva y tiene forma de bandera, para colmo.

Hablo del poder de la imagen en la palabra. No del falso credo de que "una imagen vale más que mil palabras", o no sólo.  Hablo de la anulación del resto de los sentidos en prioridad de la vista y la imagen fácil. 
También yo lucho cada día por preservar los sentidos y la intuición con ellos, soy así de primitiva, como los animales que siguen orientándose con el oído y el olfato antes que por la imagen (ahí tienes al escultural pastor alemán prestando pleitesía a su compadre chihuahua tras comprobar con el olfato que este último, aunque según el sentido de la vista es más pequeño en tamaño, es también mayor en edad y merece, pues, su consideración por llevar más tiempo aprendiendo en la vida)
Pero voy más allá: voy a la manipulación del lenguaje que, tras comprobarlo con la fiebre de las "marcas" y sus experimentos intercalando hasta metáforas casi poéticas en el marketing, han conseguido hacer imagen con la palabra y acomodarnos así a lo fácil de no leer, de no pensar, de dejarse llevar...
al precipicio y en silencio, además.
Hemos pasado de leer entre líneas a creer que leemos en imágenes.

Leer es ya lo único que puede salvarnos, y tampoco de todo se puede leer ya, urge aprender a descartar, -una pena, casi crimen-, pero ya casi es cosa de matar o morir.
Amen, sin tilde, que No amén

© Mar Martínez

02 12 2017

sábado, 25 de noviembre de 2017

25N, Mar Martínez

Dicen que "los jóvenes, hoy, son más machistas que sus padres", y se quedan tan anchos y hasta se auto indultan casi.
Es cierto que tienen instrumentos para vigilar y acosar con mayor intensidad incluso que sus padres, pero el machismo se lo han inoculado sus propios padres y desde su propia casa.
Cuando en lugar de una educación emocional se recurre a la automática y menos difícil educación en el apego -dependencia emocional, a la larga-, las consecuencias son estas y ya no debería sorprendernos, acaso escandalizarnos y ponernos manos a la obra ya mismo: pervive un mayor arraigamiento a costumbres (apego) que, además, no pueda poner en duda el (buen) papel del padre ni hacer tambalear sus privilegios. 
Los padres (muchos, demasiados todavía) siguen, no sólo sosteniendo, sino alentando el machismo creciente, con la complicidad inconsciente de muchas madres a las que previamente ese mismo machismo desde el apego ha conseguido anular como educadoras en el respeto y la dignidad, porque la educación en la igualdad es eso: respeto y dignidad. No debería ser tan difícil, si no hubiera tanto que perder. Ya basta de hipocresías y falsas diplomacias de cumplir y seguir como si nada. Hay mucho por hacer, y desde casa ya.
Hay que ir a la raíz, aunque a veces parezca brusco, pero es la única manera de vencer una enfermedad tras observar los síntomas, y no quedarnos sólo en el lamento. Claro, que eso siempre duele y por eso cuesta tanto, ya.
[Florynce Kennedy]

Porque, hablemos claro, al lado de una chica de 19 años:
Los que educan hoy, crecieron en el machismo del siglo pasado, por eso se transmite generacionalmente.
Son de mi generación, como sus hijos lo son de la generación de mi hija. Y de poco me serviría (podría haber llegado a pensar, pero no) la educación emocional que yo sigo aprendiendo a transmitirle, si la mayoría de los otros de mi generación siguen amparándose en el recurso fácil del apego o dependencia emocional, en el cómodo adoctrinamiento desde ciertos colegios que amansen a unos hijos que, quizá, se les hace demasiado grande porque tampoco ellos han aprendido a decir NO, y si mi hija, por tanto, ha de enfrentarse a los mismos monstruos machistas que yo misma. Acaso me sirve para que ella, eso sí, al menos ya esté alertada. Por eso no me rindo, pese a todo.

Por eso esta tarde iremos las dos a la manifestación 25N, para reivindicar una educación emocional que enseñe a expresar sentimientos y a controlar impulsos, que enseñe a amar y compartir en lugar de a querer/se y acaparar.

Porque, como decía el gran poeta Agustín García Calvo:
«Libre te quiero / pero no mía»


© Mar Martínez
25 11 2017






jueves, 23 de noviembre de 2017

ADREDE. CAMPAÑAS SUBLIMINALES DE MACHISMO, Mar Martínez

Hoy la diana la pusieron (desde la antaño prensa, al menos) en Letizia, o en su último vestido, quizá mejor. No pasaría de ser una llamada de atención del coste que tiene ofrecerse a ser mera mujer florero en lugar de defender la dignidad de la mujer, -madre, además, de dos niñas-, si no fuera porque huele a algo más que eso tan marqués y acorde más a la "prensa rosa" que a lo que antes era periodismo
¿Cotilleos? ¿Solamente, y como si de una invasión de la "prensa rosa" se tratase? Me temo una vez más que No sólo.


Esto va de nuevo en la línea afín a salvar el honor de unos vapuleando a otras, tal que la torpe  (adrede) campaña de los "chistes" machistas en letras grandes sobre un minúsculo e ininteligible casi mensaje contra la violencia machista,  en el ayuntamiento de Zamora











O la campaña contra (dicen) el consumo de alcohol de los más jóvenes donde, sin picar a la RAE de Javier Marías y Pérez Reverte, el que se supone Ministerio de Sanidad hace distinción entre los peligros para jóvenes y jóvenas.


¿Será causa/lidad, -que no casualidad-, el intento por parte de los abogados de cancelar el juicio a los energúmenos que violaron a una chica de 21 años en Pozoblanco, días antes de que, esos mismos, violaran a otra chica de 18 años en sanfermines2016?


Están de nuevo no sólo tratando de apagar nuestras voces, sino de mancillarlas para que no se oigan nunca más.


© Mar Martínez

23 11 17

POR/VENIR, Mar Martínez

A la imaginación no se la puede dejar descansar demasiado en la comodidad del "todo está hecho o inventado ya": 
nos pilla, si no, por sorpresa eso que, de tan parecido al Esperpento de Valle-Inclán, llamamos "realidad que supera a la ficción".
Imaginar, soñar, sigue siendo no tan sólo necesario, sino imprescindible como la mejor vacuna ante la posible adversidad por venir, siempre


© Mar Martínez
17 11 2017




sábado, 18 de noviembre de 2017

A KATE MILLET, Mar Martínez

A Kate Millet

Dice muy acertadamente Isabel Allende que «Para las mujeres, el mejor afrodisíaco son las palabras. El punto G está en los oídos, y el que busque más abajo está perdiendo el tiempo» 


Las mujeres deberíamos quizá desintoxicarnos de esa droga adictiva que son las palabras dulces, bien al oído, bien por escrito -que la piel también tiene memoria, y las hormonas tanta o más-. El punto G reposa entre neuronas, y activarlo es el comienzo del sometimiento a una adicción al deseo subliminalmente inducida, que no adicción al sexo, ya masculina en todo caso.

© Mar Martínez
18 11 17

ANA ORANTES: 20 AÑOS

El próximo 17 de diciembre hace 20 años que, tras acudir valientemente a un programa de Canal Sur(4 de diciembre de 1997) donde dio testimonio de su situación de maltrato continuado durante los 40 años de matrimonio, en realidad un calvario de palizas y relaciones sexuales forzadas, -violación, pues- hasta que se divorció, el energúmeno social y oficialmente padre de sus ocho hijos, mató a Ana, que tenía entonces 60 años, después de darle tal paliza que la dejó inconsciente, atarla a una silla en el patio, y quemarla viva tras rociarla de gasolina delante de una de sus hijas, de 14 años, que volvía del colegio en ese momento.
 

El cruel asesinato de Ana Orantes, que días antes había presentado ante todo el país una realidad que
muchas otras mujeres sufrían pero que no se atrevían a contar a una sociedad machista y arcaica aún, marcó un punto de inflexión en una sociedad aletargada tras la justificación del arrebato, del "algo habrá hecho para que le pegue", del crimen pasional consentido, del "la maté porque era mía", y puso al menos en tela de juicio lo que comenzó a considerarse ya violencia de género.

Nadie podía entonces imaginar que, veinte años después, no sólo no se ha avanzado al respecto sino que hasta parece alentarse, derivando ya en un manifiesto terrorismo machista contra las mujeres, y también contra los hijos.

Porque el machismo no es sino un arma más de control social, contra los hombres también.

© Mar Martínez
17 11 17

jueves, 16 de noviembre de 2017

«EL SÍNDROME DE PETER PAN, EL HOMBRE QUE NUNCA CRECE»

«El síndrome de Peter Pan, el hombre que nunca crece»
En los años 80, el psicólogo Dan Kiley observó que algunos de sus pacientes se negaban a aceptar las responsabilidades implícitas a la edad adulta agrupando los comportamientos que éstos presentaban bajo el nombre de ‘Síndrome de Peter Pan’.
Desde entonces, el síndrome de Peter Pan es definido como el conjunto de características que sufre una persona que no sabe o no quiere aceptar las obligaciones propias de la edad adulta, no pudiendo desarrollar los roles (padre, pareja, etcétera) que se esperan según su ciclo vital o circunstancias personales.
El síndrome de Peter Pan es más frecuente en varones y habitualmente se asocia a problemas para proporcionar seguridad a otra persona, ya que ellos mismos son los que necesitan sentirse protegidos por otros. Este hecho les incapacita en gran medida, ya que lastra su desarrollo personal y dificulta sus relaciones sociales, asociándose con intensos sentimientos de soledad y sensación de dependencia emocional. 


Consecuencias del síndrome de Peter Pan
Aunque Peter Pan pudiera vivir en un mundo de fantasía, las personas que lo imitan no. El síndrome de Peter Pan trae consigo importantes alteraciones emocionales y conductuales. A nivel emocional son frecuentes los niveles de ansiedad elevados y de tristeza, pudiendo adoptar estos últimos la forma de depresión cuando no son tratados. Al mismo tiempo, la persona se siente poco realizada con su vida, ya que el no asumir responsabilidades le hace también no disfrutar de los retos, lo que indudablemente repercute en sus niveles de autoestima. 

Causas del síndrome de Peter Pan
El síndrome de Peter Pan puede ser consecuencia de múltiples factores (rasgos de personalidad, estilo de afrontamiento de los problemas, etcétera). De todos ellos, el más importante tiene que ver con la infancia; una infancia excesivamente feliz que el paciente puede llegar a idealizar, o bien, una infancia completamente infeliz, carente de afecto. En el primer de los casos, el síndrome busca inmortalizar esos momentos viviendo en una infancia constante, mientras que en el segundo la función del síndrome es recuperar el tiempo perdido.
Por otro lado, la mayoría de los estudios sostienen que este síndrome es frecuente en casos en los que no ha existido un aporte afectivo estable, la educación ha sido demasiado permisiva o ha existido déficit escolar.

Prevención del síndrome de Peter Pan
Debido a que la primera causa del síndrome de Peter Pan reside en el estilo educativo recibido en la infancia, los adultos que rodean al niño, especialmente los padres, son los principales agentes preventivos de este problema.
Para que un niño sea feliz, al igual que un adulto, debe verse resolviendo problemas. Afrontando retos
En este sentido, no se debe hacer de la vida real de un niño el escenario de Nunca Jamás. Los niños deben también aprender a asumir responsabilidades ajustadas a su edad. Muchos padres evitan esto pensando que su hijo será más feliz si la vida le resulta más cómoda. Para que un niño sea feliz, al igual que un adulto, debe verse resolviendo problemas. Afrontando retos.
Por otro lado, un estilo educativo hostil, rígido y con carencias afectivas importantes también podría predisponer al padecimiento del síndrome. Por lo tanto, el éxito de su prevención reside en educar a los más pequeños de una manera en la que el amor incondicional se combine con unas pautas de conducta firmes y bien establecidas que permitan la aceptación de responsabilidades propias de la edad de crecimiento del niño.

* El término síndrome de Peter Pan ha sido aceptado en la psicología popular desde la publicación de un libro en 1983 titulado The Peter Pan Syndrome: Men Who Have Never Grown Up (El síndrome de Peter Pan, el hombre que nunca crece), escrito por el Dr. Dan Kiley. No existe evidencia que muestre que el síndrome de Peter Pan sea una enfermedad psicológica existente y no se encuentra listada en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, todavía.  

miércoles, 15 de noviembre de 2017

MANADA/S, Mar Martínez

Detrás de los cinco lobos que reincidieron en sanfermines, había una manada de 21 machos aplaudiendo.
De nuevo se evidencia cómo a las mujeres se nos educa en la desconfianza entre nosotras mismas (la bruja mala, la madrastra, la suegra, son figuras que nos meten desde bien pequeñas con los Cuentos) mientras a los chicos se les sigue educando en la marcialidad corporativa.
Lo peor, que por los automatismos propios de una educación en el apego enfermizo (dependencia emocional, incapacidad de decidir por uno mismo) y la comodidad de no arriesgarse, pues, todo ello se reproduce generacionalmente desde casa: la misma madre incluso contra sí misma e inconsciente de ello.
Basta ya de Caperucitas frágiles y de machos vestidos de lobo tras la barba y el uniforme (he visto aun sin querer su fotografía y no dejo de preguntarme qué esconden o qué quieren aparentar tras esas barbas, postizas sin lugar a dudas)
Menos padrenuestros de memoria vacía y más inteligencia emocional hace falta, desde casa ya
Basta/ría con aprender a Amar, aunque lleve toda la vida

© Mar Martínez

15 11 17

martes, 14 de noviembre de 2017

HISTORIA DEL REY TRANSPARENTE, Rosa Montero

     «Soy mujer y escribo. Soy plebeya y sé leer. Nací sierva y soy libre. He visto en mi vida cosas maravillosas. He hecho en mi vida cosas maravillosas. Durante algún tiempo, el mundo fue un milagro. Luego regresó la oscuridad. La pluma tiembla entre mis dedos cada vez que el ariete embiste contra la puerta. Un sólido portón de metal y madera que no tardará en hacerse trizas. Pesados y sudados hombres de hierro se amontonan en la entrada. Vienen a por nosotras. Las Buenas Mujeres rezan. Yo escribo. Es mi mayor victoria, mi conquista, el don del que me siento más orgullosa; y aunque las palabras están siendo devoradas por el gran silencio, hoy constituyen mi única arma. La tinta retiembla en el tintero con los golpes, también ella asustada. Su superficie se riza como la de un pequeño lago tenebroso. Pero luego se aquieta extrañamente. Levanto la cabeza esperando un envite que no llega. El ariete ha parado. Las Perfectas también han detenido el zumbido de sus oraciones. ¿Acaso han logrado acceder al castillo los cruzados? Me creía preparada para este momento pero no lo estoy: la sangre se me esconde en las venas más hondas. Palidezco, toda yo entumecida por los fríos del miedo. Pero no, no han entrado: hubiéramos oído el estruendo de la puerta al desgajarse, el derrumbe de los sacos de arena con que la reforzamos, los pasos presurosos de los depredadores al subir la escalera. Las Buenas Mujeres escuchan. Yo también. Tintinean los hombres de hierro bajo las troneras de nuestra fortaleza. Se retiran. Sí, se están retirando. Al sol le falta muy poco para ocultarse y deben de preferir celebrar su victoria a la luz del día. No necesitan apresurarse: nosotras no podemos escapar y no existe nadie que pueda ayudarnos. Dios nos ha concedido una noche más. Una larga noche. Tengo todas las velas de la despensa a mi disposición, puesto que ya no las vamos a necesitar. Enciendo una, enciendo tres, enciendo cinco. El cuarto se ilumina con hermosos resplandores de palacio. ¡Y pensar que nos hemos pasado todo el invierno a oscuras para no gastarlas! Las Buenas Mujeres vuelven a bisbisear sus Padrenuestros. Yo mojo la pluma en la tinta quieta. Me tiembla tanto la mano que desencadeno una marejada. 
     Me recuerdo arando el campo con mi padre y mi hermano, hace tanto tiempo que parece otra vida. La primavera aprieta, el verano se precipita sobre nosotros y estamos muy retrasados con la siembra; este año no sólo hemos tenido que labrar primero los campos del Señor, como es habitual, sino también reparar los fosos de su castillo, hacer acopio de víveres y agua en los torreones, cepillar los poderosos bridones de combate y limpiar de maleza las explanadas frente a la fortaleza, para evitar que puedan emboscarse los arqueros enemigos. Estamos nuevamente en guerra, y el señor de Abuny, nuestro amo, vasallo del conde de Gevaudan, que a su vez es vasallo del Rey de Aragón, combate contra las tropas del Rey de Francia. Mi hermano y yo nos apretamos contra el arnés y tiramos con todas nuestras fuerzas del arado, mientras padre hunde en el suelo pedregoso nuestra preciada reja, esa cuchilla de metal que nos costó once libras, más de lo que ganamos en cinco años, y que constituye nuestro mayor tesoro. Las traíllas de esparto trenzado se hunden en la carne, aunque nos hemos puesto un peto de fieltro para protegernos. El sol está muy alto sobre nuestras cabezas, próximo ya al cenit de la hora sexta. Al tirar del arado tengo que hundir la cabeza entre los hombros y miro al suelo: resecos terrones amarillos y un calor de cazuela. La sangre se me agolpa en las sienes y me mareo. Empujo y empujo, pero no avanzamos. Nuestros jadeos quedan silenciados por los alaridos y los gritos agónicos de los combatientes: en el campo de al lado, muy cerca de nosotros, está la guerra. Desde hace tres días, cuatrocientos caballeros combaten entre sí en una pelea desesperada. Llegan todas las mañanas, al amanecer, ansiosos de matarse, y durante todo el día se hieren y se tajan con sus espadas terribles mientras el sol camina por el arco del cielo. Luego, al atardecer, se marchan tambaleantes a comer y a dormir, dispuestos a regresar a la jornada siguiente. 
     Día tras día, mientras nosotros arañamos la piel ingrata de la tierra, ellos riegan el campo vecino con su sangre. Caen los bridones destripados, relinchando con una angustia semejante a la de los cerdos en la matanza, y los caballeros de la misma bandera se apresuran a socorrer al guerrero abatido, tan inerme en el suelo, mientras los ayudantes le traen otro caballo o consiguen desmontar a un enemigo. La guerra es un fragor, un estruendo imposible; braman los hombres de hierro al descargar un golpe, tal vez para animarse; gimen los heridos pisoteados en tierra; aúllan los caballeros de rabia y de dolor cuando el ardiente acero les amputa una mano; colisionan los escudos con retumbar metálico; piafan los caballos; rechinan y entrechocan las armaduras. 
     Antoine y yo tiramos del arado, padre arranca una piedra del suelo con un juramento y ellos, aquí al lado, se matan y mutilan. El aire huele a sangre y agonía, a vísceras expuestas, a excrementos. Al atardecer los movimientos de los guerreros son mucho más lentos, sus gritos más ahogados, y por encima de la masa abigarrada de sus cuerpos se levanta una bruma de sudor. Veo ondear la bandera azul del señor de Abuny y la oriflama escarlata de cuatro puntas de los reyes de Francia: están sucias y rotas. Veo las heridas monstruosas y puedo distinguir sus rostros desencajados, pero no siento por ellos la menor compasión. Los hombres de hierro son todos iguales: voraces, brutales. En el sufrimiento que flota en el aire hay mucho dolor nuestro.»

Historia del Rey Transparente (Alfaguara, 2005)


ROSA MONTERO
Premio Nacional de las Letras 2017

lunes, 13 de noviembre de 2017

MIENTRAS, Mar Martínez

Se indigesta el café mañanero hasta escupirlo casi, escuchando en la radio que un irracional ha degollado a (su) bebé de dos años. 
En el mismo hilo se anuncia el juicio a los energúmenos que violaron en manada a una chica de 18 años en los sanfermines2016, y lo culminan con otro juicio pendiente, esta vez por la muerte del miserable dueño de un prostíbulo.
Mientras se siga vendiendo sexo como confirmación de supremacía, y la ley se limite a controlar el dinero (que también se les escapa)
Mientras todo se limite a vigilar y castigar, y ni eso muchas veces (ahí sigue el caso de las chicas de Alcàsser que, precisamente hoy, hace 25 años, con uno de los dos cabezas de turco en paradero desconocido)

Mientras no se ahonde con profundidad en la raíz de tan frondosas ramas, que no es otro que el apego -enfermizo ya- con que se sigue educando en una dependencia emocional que alimenta esa supremacía mientras oculta una verdadera carencia propia
Mientras...
Seguirá expandiéndose esta lacra que da demasiada manga ancha a unos, mientras somete a burkas de miedo a todas.
¡¡BASTA YA!!

 13 11 2017


*Decía Dostoyevski que «el infierno es el sufrimiento de ser incapaz de amar»
Total
Y del trauma de no saber amar emanan todos los conflictos que, disfrazados de maldad para ocultar esa carencia, agreden al resto

© Mar Martínez

viernes, 3 de noviembre de 2017

‘NUEVA ILUSTRACIÓN RADICAL’ (2017) | Marina Garcés Mascareñas

«Si las humanidades tienen que ver con la capacidad de dar forma y sentido, libremente, a la experiencia humana y a su dignidad, tenemos que entender que su crisis está directamente relacionada con la distancia que se ha abierto entre lo que sabemos acerca del mundo y de nosotros, y nuestra capacidad de transformar nuestras condiciones de vida. Hemos constatado históricamente que saber más, tener más educación, más información, etc., no nos hace más libres ni éticamente mejores. Tampoco ha contribuido a forjar unas sociedades más emancipadas. De ahí la profunda desproporción que nos asalta y que hace de nosotros analfabetos ilustrados.
Foucault, siguiendo la vía crítica abierta, entre otros por Nietzsche, nos enseñó a ver que tras la premisa ilustrada de la emancipación a través de la ciencia y de la educación se articulaban nuevas relaciones de poder. Poder sobre los cuerpos, sobre los códigos de lenguaje, sobre los hábitos y los comportamientos, sobre las estructuras institucionales, sobre los proyectos nacionales… Toda forma de saber conlleva unas relaciones de poder. Esta idea se ha convertido para nosotros en una premisa incuestionable, casi en una obviedad. A partir de ella, podemos analizar, y así lo hacemos a menudo, las relaciones de poder que están inscritas en los conocimientos de nuestro tiempo. Tenemos herramientas muy sofisticadas para la crítica y para examinar los efectos de dominio del conocimiento, sus aplicaciones y transmisión.
Pero, al mismo tiempo, cuando defendemos las virtudes éticas y políticas del conocimiento y de la educación, su necesidad para la democracia y la justicia, a menudo caemos en argumentos tan banales que ni siquiera los ilustrados del siglo XVIII creían, sin sospechar de sus sombras y perversidades. Como hemos visto antes, ellos ya desconfiaban de la cultura si no iba de la mano de la crítica y la autocrítica.

Dice la protagonista de la película Una giornata particolare (Ettore Scola): “A una mujer inculta se le puede hacer cualquier cosa”. Lo que debemos preguntarnos hoy es cómo y por qué a tanta gente culta hoy se le puede hacer cualquier cosa. Y por qué sociedades tan supuestamente cultas siguen cometiendo tantas atrocidades. Son las preguntas que ya se hacía la teoría crítica en pleno siglo XX, cuando proclamó el fracaso de la cultura: no solo la Europa ilustrada no supo evitar el fascismo y la guerra, sino que el pensamiento crítico y revolucionario (anarquismo, socialismo, comunismo…) tampoco condujo en la práctica a sociedades más emancipadas.

Nuestro principal problema es, entonces, redefinir los sentidos de la emancipación y su relación con los saberes de nuestro tiempo. ¿Qué saberes y qué prácticas culturales necesitamos elaborar, desarrollar y compartir para trabajar por una sociedad mejor en el conjunto del planeta? Parece una pregunta ingenua, pero cuando las humanidades pierden el vínculo con esta cuestión se convierten en meros conocimientos de textos sobre textos y mueren. Redefinir los sentidos de la emancipación: en eso tienen que consistir las actividades humanísticas si quieren ser algo más que un conjunto de disciplinas en desuso.»

*Marina Garcés es profesora de la Universidad de Zaragoza. Entre sus últimos libros están Nueva
ilustración radical (Anagrama, 2017) y Fuera de clase (Galaxia Gutenberg, 2016)   




martes, 24 de octubre de 2017

YO, TAMBIÉN #MeToo, Mar Martínez

Yo también
fui a cambiar por otro igual en amarillo aquel pijamita rosa
con que quisieron recibirla en la maternidad

Yo también
le dije que a la seño había que escucharla
con la misma atención que al profe

Yo también
le avisé que el músculo
no levanta la falda más de una vez

Yo también
le animé a responder con un "guapo, tú"
a quien no le llamara por su nombre

Yo también
le conté que el primer amor son sólo hormonas,
como el darwiniano celo en los animales

Yo también
fui con ella a comprar preservativos,
en lugar de burkas

Yo también
le animé a creerse que estaba enfadada cuando
volvía sola de noche a casa: espanta

Yo también
le enseñé a enseñar a poner la lavadora,
y a enseñar a tender la ropa también

Yo también 
le animé a pagarse siempre su cerveza y
a no confundir jamás amor con boda, ni hipoteca

Yo también
le alerté del vicio de ver en cada mujer
una madre consentidora, por apego

Yo también
sigo dando una patada en la espinilla a todo aquel que, con billetera o no, 
no sepa mirarme a los ojos



© Mar Martínez
24 10 2017


miércoles, 18 de octubre de 2017

SER GOBERNADO, Pierre Joseph Proudhon

«Ser gobernado es ser observado, inspeccionado, espiado, dirigido, sometido a la ley, regulado, escriturado, adoctrinado, sermoneado, verificado, estimado, clasificado según tamaño, censurado y ordenado por seres que no poseen los títulos, el conocimiento ni las virtudes apropiadas para ello. Ser gobernado significa, con motivo de cada operación, transacción o movimiento, ser anotado, registrado, contado, tasado, estampillado, medido, numerado, evaluado, autorizado, negado, autorizado, endosado, amonestado, prevenido, reformado, reajustado y corregido. Es, bajo el pretexto de la utilidad pública y en el nombre del interés general, ser puesto bajo contribución, engrillado, esquilado, estafado, monopolizado, desarraigado, agotado, embromado y robado para, a la más ligera resistencia, a la primera palabra de queja, ser reprimido, multado, difamado, fastidiado, puesto bajo precio, abatido, vencido, desarmado, restringido, encarcelado, tiroteado, maltratado, juzgado, condenado, desterrado, sacrificado, vendido, traicionado, y, para colmo de males, ridiculizado, burlado, ultrajado y deshonrado».









Papá Estado: otro de los efectos secundarios, cronificados casi, del apego o dependencia: y pensar que todo nace en la familia, tan convenientemente bendecida

domingo, 8 de octubre de 2017

AMÉLIE, Y EL PODER DE LA PALABRA, Mar Martínez

«Ella va a cambiar tu vida»
('Amélie', 2001, Jean-Pierre Jeunet)

El sábado trajimos a casa antes de lo previsto a Amélie: poco más de veinticuatro horas llevan conviviendo ella, una gatita de acogida de poco más de seis meses que amablemente me ha facilitado Karima desde la peluquería de animales que regenta (perr/uquerías las llamo yo, haciendo un juego de palabras desde que allá por 1990 me topé con una en Barcelona, -que me disculpen los catalanes-) y Lennon, que a sus diez años recién cumplidos sigue siendo el rey de la casa, como bien se lo ha hecho saber a Amélie. 

[© Yaiza L. M.]
La gatita viene por Yaiza, aunque no exclusivamente, claro: como con Lennon un día, es imposible no sucumbir ante ella y su elegancia, esa delicadeza casi fragilidad que desmiente sin pudor ante las pautas que Lennon le marca.

Pero a lo que iba, que no quería enrollarme:
Aunque inicialmente y tras la presentación y ubicación de rigor, hubo también que imponer unas pautas, a ambos, sigue siendo asombrosa su capacidad para entenderse: sin agresividad, sabiendo ellos de antemano dónde está el límite entre autoridad y violencia, con el respeto como única brújula ante ese su mundo donde imperan las emociones por encima de todo raciocinio de pastiche.
De cuando en cuando hay que levantarse de la silla y recordarles a cada uno su sitio, pero lo cierto es que basta con dirigirse a ellos en su lenguaje, sincero y emotivo, sin descafeinados adornos, para que se replieguen como reflexionando, ellos, los animales, irracionales, dicen, -y ¡menos mal!, como  bien me avisó mi amiga Ana-

Todo ello me llevó, irremediablemente también, a replantearme el poder de la palabra: esa palabra bella pero hueca que serpentea en su afán de hacerse imagen pero que verdaderamente no alcanza a transmitir amor de tan uperizada, pasteurizada y esterilizada. Esos malabarismos con que la palabra ha pasado a ser casi exclusivamente un arma de neurolingüística para mover montañas.

Y me duele, a mí, que amo la poesía, me duele ver cómo la palabra va perdiendo irremisiblemente su poder. Hace tiempo que digo que, lo mismo que con el, por si acaso, Banco Mundial de Semillas de Svalbard, si un día Trump o el coreano o, tal y como está el patio, los cada vez más proliferantes ultraderechistas europeos, nos llevaran al fin del mundo o, mejor dicho, al fin de la egocéntrica especie humana, serían ellos, los animales, la única y verdadera reserva de sentimientos que tampoco hemos sabido cultivar hasta casi borrarlos de la faz de la tierra, y de la mesa del pan de cada día también, porque ninguna oración, ningún poema, ninguna palabra, sirven de nada si no transmiten algo, si no se sienten de veras.

© Mar Martínez


sábado, 7 de octubre de 2017

¿POR QUÉ ESCRIBO? Félix Romeo

«Escribo porque soy diferente.
               Escribo para ser diferente.
               Empecé a escribir porque era diferente. Empecé a escribir porque quería ser diferente. Nadie quería ser escritor cuando yo decidí ser escritor. Recuerdo a un niño que quería ser dentista y a otro que quería ser mecánico. Tenía doce años. No conocía a ningún escritor. Nunca había hablado con un escritor. Había leído a Rimbaud. Había leído una biografía de Rimbaud. Había leído los manifiestos dadaístas y El hombre aproximativo de Tristan Tzara. Siempre había leído. Había leído los libros de Enid Blyton. Había leído los siete secretos y los cinco. Había leído otros libros que no eran de Enid Blyton pero lo parecían, como los de los tres investigadores.
               Y, antes de que supiera leer, mi madre me leía cuentos y me contaba historias que yo entendía a medias: historias de su pueblo, Castejón de Tornos, Teruel, junto a la Laguna de Gallocanta, que para mí estaba tan lejano como Tokio; historias de estraperlos; historias sobre la obstinación de los burros, sobre todo cuando hacía un frío del demonio y al parecer lo hacía siempre; de los maquis y sus razias; historias del azafrán y la dificultad de conseguirlo; historias de los carnavales secretos de la posguerra, con ensabanados y rondas; de las cartas de amor que le enviaba mi padre... personajes abandonados en mitad de la nada que trataban de escapar no se sabe de dónde ni cómo. Unas historias que luego leí en Agota Kristof.
               Quería ser un escritor porque era diferente y quería ser un escritor de los diferentes. Digo
escritor, pero lo que yo quería era ser un poeta diferente. En 8º de EGB fabriqué mis primeras plaquettes fotocopiadas. Las destruí poco después porque me daba vergüenza escribir tan mal. Ahora puedo decir que en esas plaquettes está lo mejor que he escrito.
               Quería escribir para robarle la máquina de escribir a mi padre, su más precioso tesoro: la cuidaba con esmero y no nos dejaba tocarla. Thomas Mann escribió un ensayo en el que hablaba de la gran cantidad que hay de escritores huérfanos de padre. El padre de Truman Capote desapareció y el padre de Alejandro Gándara se fue sin dejar rastro y el padre de… Mi padre era huérfano de padre, huérfano desde los dos años, pero a él se le pasó la vez y el que se hizo escritor fui yo. Huérfano heredero. Aunque mi padre escribía a máquina todo el tiempo: su Olivetti gigante con forma de ballena. Mi padre escribía informes sobre sus servicios de policía y sobre el tráfico y sobre las incidencias del trabajo. Tenía unas hojas de calco y guardaba copia de todo lo que escribía.
               Me hice escritor para robarle esa estupenda máquina de escribir. Me hice escritor para consumar un incesto raro. Mi padre me puso una condición para poder usar su Olivetti: aprender mecanografía perfectamente... una práctica que él, que escribía sólo con dos dedos, no conocía. Quizá pensaba que yo no conseguiría escribir a máquina, pero pasé el verano de mis trece años sacrificando la piscina y aprendiendo a escribir a máquina en una academia con un calor sofocante: asdf ñlkj etcétera. Así rendí a mi padre y le quité su bien más preciado. Truman Capote escribió algo sobre la mecanografía y la literatura, y es posible que, pese a su afirmación, se trate de ramas de la misma actividad. Durante un tiempo tuve que usar la máquina siempre en la mesa del comedor, bajo vigilancia, y guardarla siempre en su maleta. Mi madre cosía en su máquina de coser y yo escribía en mi máquina de escribir. Unos meses más tarde llevé la Olivetti ballena a la mesa de estudio de mi cuarto.
               Tenía catorce años y escribía poseído. Escribía todo el tiempo. Nunca he vuelto a escribir de esa manera y cuando escribo deseo poder volver a escribir así alguna vez. Febril. Enfermo. Escribía poemas. Escribía minúsculas vidas imaginarias. Escribía obras de teatro. Era diferente y quería ser un escritor diferente. Leía a Beckett, y mis obras de teatro querían parecerse a Esperando a Godot. Leía a Jack Kerouac. Leía a Henry Miller, al que había llegado siguiendo a Rimbaud, un camino excéntrico. Leía a Joyce, pero las piezas más raras, Poemas manzanas. Leía solo. Escribía solo. Entonces yo era el único escritor. Rey soberano.
               Aunque quizá leía más solo que escribía solo, porque entonces publiqué mis primeros poemas en una revista. No guardo ni un ejemplar. Me avergonzaba esa revista, sabía que estaba mal hecha, que era cutre... y aunque sabía que la revista estaba mal hecha y que era cutre, me sentía feliz porque publicando en esa revista que me avergonzaba me convertía en escritor. Nadie lo sabía, pero yo había cruzado una línea y ya no podía volver atrás. Recuerdo el nombre de la revista.
               Escribo porque tengo miedo: antes cuando tenía miedo me metía debajo de la cama. Escribo para levantarme cuando quiera. Escribo para acostarme cuando quiera. Escribo para imponer mi versión de los hechos. Escribo por envidia. Escribo por fascinación. Escribo para ser feliz. Escribo para ganar dinero. Escribo para saber cómo escribo. Escribo para que se publique lo que escribo. Escribo para seducir. Escribo para ser apreciado. Escribo para existir. Escribo para ser visible. Escribo para despertarme cada día en un lugar del mundo. Escribo para que me insulten. Escribo para seguir vivo. Escribo para no matarme. Escribo para saber lo que pienso. Escribo para mentir. Escribo porque soy feliz. Escribo para pedir perdón. Escribo para no pedir perdón. Escribo porque cuando escribo no vivo. Escribo para vivir más tiempo. Escribo porque me lo piden. Escribo porque no me reconozco en las fotografías. Escribo porque quiero dar mi versión de la historia. Escribo porque en mi escritura sólo mando yo. Escribo porque me gusta escribir. Escribo porque no sé conducir. Escribo porque soy vanidoso. Escribo para perder el sentido. Escribo porque busco el sentido. Escribo como el cultivador de champiñones: con los pies enterrados en mierda y con la certeza de que el producto no es un manjar. Escribo como el pescador de un barco congelador. Escribo para follar. Escribo para respirar. Escribo para no tener que escribir. Escribo para mirar todo y todo el tiempo. Escribo para recordar. Para recordarme. Para volver a alcanzar ese estado febril. Febril y fabril. Escribo por insatisfacción. Escribo por venganza. Escribo por remordimiento. Escribo para confesar mis pecados. Escribo para esconder mi vergüenza. Escribo para reírme. Escribo porque me da miedo el fuego.
               Escribo porque tengo algunas historias viejas que contar. Las que me llenan la cabeza ahora sucedieron todas antes de que cumpliera veintiocho años: la de un asesino que mató a su mujer y con el que compartí celda en 1995 en la cárcel de Torrero de Zaragoza, que ya ha desaparecido, demolida por la piqueta; la de una loca, prima de mi padre, a la que visitamos en un manicomio de Valencia en el verano de 1975; la de unos curanderos de Petrel, Paco y Lola, que visitamos cuando mi abuela Rosario había sido desahuciada por los médicos.
               Mi padre me cedió su máquina de escribir. Y una vez que se la arrebaté ya no podía cambiar: tenía que escribir y tenía que ser escritor. Ahora, más que diferente, me siento extraño.»

Por qué escribo (Xordica Editorial, 2013)


FÉLIX ROMEO PESCADOR 
(Zaragoza, 1968 - Madrid, 7 de octubre de 2011)

miércoles, 4 de octubre de 2017

UN MAL SUEÑO, Mar Martínez

Ya no veo el duelo a garrotazos de Goya
No

Será que renace ese miedo de la infancia
junto al póster de icona queriendo salvar al lince y rapaces
y aquellas fotos de estómagos inflamados en África,
que es Rodríguez de la Fuente y sus carneros
a cabezazos por un territorio que creen suyo 
la imagen que me quita el sueño

[John Trent]

Y que me despierta cuando mis pies asoman
casi a un acantilado

No sé cómo acaba este mal sueño
Pero ya no sé si da más miedo despertar
o seguir mal soñando

© Mar Martínez

03 10 17

domingo, 1 de octubre de 2017

LA DESOBEDIENCIA CIVIL , Henry David Thoreau

«De todo corazón acepto el lema de que "el mejor gobierno es el que gobierna menos", y me gustaría que fuera honrado con más diligencia y sistema. En la práctica significa asimismo, lo cual también creo: "que el mejor gobierno es el que no gobierna en absoluto"; y cuando los hombres estén preparados para él, ese y no otro será el que tendrán. El Gobierno es, a lo más, una conveniencia; aunque la mayoría de ellos suelen ser inútiles, y alguna vez, todos sin excepción, inconvenientes. Las objeciones puestas al hecho de contar con un ejército regular, que son muchas y de peso, y merecen prevalecer, pueden ser referidas en última instancia a la presencia de un Gobierno igual de establecido. El ejército regular no es sino el brazo armado del Gobierno permanente. Este, a su vez, aunque no representa sino el modo elegido por el pueblo de ejecutar su voluntad, es igualmente susceptible de abuso y perversión antes de que aquél pueda siquiera actuar por su mediación. Reparad en la presente guerra mejicana, la obra de un número relativamente escaso de individuos que se valen del gobierno establecido como instrumento; pues, para empezar, el pueblo no habría consentido esta medida. Este gobierno americano ¿qué es sino una tradición, aunque reciente, que trata de transmitirse inalterada a la posteridad, pese a ir perdiendo a cada instante retazos de su decencia? Carece de la vitalidad y la fuerza de un solo hombre vivo, pues éste puede doblegarlo a voluntad. Es como una especie de arma de madera para el pueblo mismo; y si alguna vez al usasen verdaderamente como real unos contra otros, de seguro que se les desharía en astillas. Sin embargo, no por ello deja de serles necesario; pues los individuos han de tener alguna complicada maquinaria que otra y oír su estrépito para satisfacer su idea de gobernar.
(...)
La gran masa de los hombres sirve al Estado, pues así; no sólo como hombres principalmente, sino como máquinas; con su cuerpo. Son ejército permanente y milicia establecida, carceleros, guardias, posee comitatus etc. En la mayoría de casos no existe ejercicio alguno libre, sea del propio juicio o del sentido moral, sino relegamiento al nivel del leño, de la tierra o de las piedras; y quizás puedan construirse algún día hombres que cumplan con igual perfección este cometido. Tales no merecen más respeto que un fantoche o que basura. Su valor raya con el de los caballos y los perros. Sin embargo, incluso se les reputa buenos ciudadanos. Otros, como es el caso de la mayoría de legisladores, políticos, juristas, clérigos y funcionarios, ven al Estado principalmente con la cabeza; y como quiera que raramente establecen distinciones morales, son tan susceptibles de servir al mal sin intención, como a Dios. Unos pocos, muy pocos, muy pocos, héroes, mártires, reformadores - que no reformistas -, y hombres sirven al Estado también con su conciencia, y así, se le resisten las más de las veces; y éste los trata como enemigos. El hombre prudente sólo se revelará útil y no se avendrá a ser "barro" ni a "obturar un agujero para detener al viento", sino que, por lo menos dejará esa tarea a su polvo.
(...)
Si alguien fuere a decirme que el presente es un mal gobierno porque gravó ciertos artículos extranjeros arribados a sus puertos, lo más probable es que me quedara impertérrito puesto que puedo pasarme perfectamente sin ellos: todas las máquinas poseen roces. Y posiblemente ello resulte en bien suficiente para contrarrestar el mal. En cualquier caso, es mal mayor el soliviantarse por ello. Pero, cuando los roces buscan máquina en que alojarse, y la opresión y el robo se organizan, yo digo: desprendámonos de esta máquina inmediatamente. En otras palabras, cuando la sexta parte de la población de un país que se ha arrogado el título de país de la libertad la componen los esclavos, y toda una nación es injustamente arrollada y conquistada por un ejército extranjero y sometida a la ley marcial, creo que no es demasiado temprano para que los hombres honrados se rebelen y hagan la revolución. Y lo que hace este deber tanto más urgente es el hecho de que el país así arrollado no es el nuestro, y sí lo es, en cambio, el ejército invasor.
(...)
Quienes no conocen fuentes de verdad más puras, que no han seguido el curso de ésta hasta cotas más elevadas, se atienen prudentemente a la Biblia y a la Constitución y beben de ellas con reverencia y humildad; pero quienes reparan por dónde brotan aquellas gota a gota para alimentar ese lago o aquella laguna, se fajan fuertemente la cintura y siguen su peregrinación en busca del manantial primero. No ha habido hombre alguno de genio legislador en América. Son raros en la historia del mundo. Abundan los oradores, los políticos, los hombres especialmente elocuentes, se cuentan por miles; pero no ha abierto aún la boca aquel orador capaz de resolver los numerosos y muy vilipendiados problemas que nos acucian hoy. Nos gusta la elocuencia por sí misma y no por la verdad de que pueda ser portadora o por el heroísmo que pueda inspirar.
(...)
Nunca podrá haber un Estado realmente libre e iluminado hasta que no reconozca al individuo como poder superior independiente del que derivan el que a él le cabe y su autoridad, y, en consecuencia, le dé el tratamiento correspondiente. Me complazco imaginándome un Estado, al fin, que puede permitirse el ser justo con todos los hombres y acordar a cada individuo el respeto debido a un vecino; que incluso no consideraría improcedente a su propio reposo el que unos cuantos decidieran vivir marginados, sin interferir con él ni acogerse a él, pero cumpliendo sus deberes de vecino y prójimo. Un Estado que produjere esta clase de fruto y acertare a desprenderse de él tan pronto como hubiere madurado prepararía el camino hacia otro más perfecto y glorioso, que también he soñado, pero del que no se ha visto aún traza alguna. »

La desobediencia civil (1848)


HENRY DAVID THOREAU
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